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Opinión: Valdés, el escudero. José Blanco

Última modificación 14/08/2012 17:38
por Tania Molina

Ha debido retirarse de una conferencia que se proponía asestar a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sobre lo que cree fue un proceso electoral ejemplar, porque se percató, con esa su fina sensibilidad, de que correría la misma suerte que EPN en la Ibero.

Publicado el: 14 de agosto de 2012
Opinión: Valdés, el escudero. José Blanco

Leonardo Valdés Zurita muestra su dedo marcado, antes de la sesión extraordinaria del Consejo General, en las instalaciones del IFE, el 1ro de julio. Foto: Carlos Cisneros

 

José Blanco

Publicada el 14 de agosto en la versión impresa.

Ha debido retirarse de una conferencia que se proponía asestar a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sobre lo que cree fue un proceso electoral ejemplar, porque se percató, con esa su fina sensibilidad, de que correría la misma suerte que EPN en la Ibero.

Su afilada suspicacia no le ha alcanzado para reparar en la creciente repulsa que siente por él un sector muy significativo de la sociedad mexicana. Y es que Valdés, durante una parte del lapso que duró el proceso de emisión y recuento de los votos, hizo un formidable esfuerzo de templanza frente al abanico de inconformidades que expresaban los actores políticos. Pero la templanza empezó a mudar en impaciencia, y de plano comenzó a mostrar que traía consigo, encubierto, un escudo impenetrable a las impugnaciones jurídicas de las izquierdas que, si Valdés lo dice, acaso lo carga también el TEPJF. Un escudo protector para la santa alianza.

Llamo aquí santa alianza al mismo grupo multiforme que en anteriores contribuciones he llamado el poder, es decir, los poderes fácticos y el poder político hechos uno: en primer lugar la cúpula, mediática, empresarial y financiera, que es el mandamás; los personeros del capital extranjero, el PRI con sus gobernadores y su corporativismo sindical, la alta jerarquía católica, el PAN desde los doctrinarios hasta el Yunque. Todos, cada uno a su modo, han reprobado los reclamos que dentro de la legalidad han hecho las izquierdas. Casi todos han hablado de un proceso electoral envidiable ¡de clase mundial!

Valdés no va atrás de ese desfile endemoniado, sino al frente, como buen escudero. El pasado jueves, de acuerdo con la crónica de La Jornada, defendió en el Senado la actuación del organismo que encabeza y sostuvo que en la jornada más concurrida, más vigilada y más transparente de nuestra historia, las autoridades comiciales garantizaron equidad, imparcialidad y respeto a la ley. ¡Créalo! ¡eso dijo!

Valdés, por supuesto, no aceptó preguntas. Pidió incluso que el personal de seguridad impidiera a los reporteros acercarse a él y salió apresurado del edificio de Reforma e Insurgentes, como que sabe que se trataba sin duda de peliagudas y peligrosas interrogantes.

Es increíble –e inadmisible–, que el titular del órgano público de organizar las elecciones federales incurra en tan insensata actuación, cuando el TEPJF, máxima autoridad jurisdiccional en la materia y órgano especializado del Poder Judicial de la Federación para resolver sobre las impugnaciones que han sido presentadas por las izquierdas sobre la elección de Presidente de la República, no ha dicho aún su última palabra sobre esos reclamos. ¿Está enterado ya de lo que resolverá el TEPJF y está pronunciando un trascendido?

El recurso de invalidez interpuesto por la izquierda mexicana tiene elementos que parecen muy firmes, que indican una presunta violación a los principios constitucionales: rebase de topes de gastos de campaña, presunto uso de dinero ilícito, compra y coacción del voto e iniquidad en los medios de comunicación, manejo electoralista de las encuestas, en una palabra, elecciones que no fueron, según dispone la Constitución, ni libres, ni auténticas, salvo a los ojos de Valdés y de la santa alianza.

Son tiempos borrascosos, aún cuando la santa alianza se conduce con prisa, quiere ya sentirse en paz, demanda que de una vez por todas se configuren los poderes y se anuncien los programas de gobierno. Pero la santa alianza está fuera del tiempo. Dice en sus primeras frases un popular juego electrónico inglés, llamado Prince of Persia: Muchos creen que el tiempo es como un río que fluye seguro y veloz en una dirección; pero yo le he visto la cara al tiempo y os aseguro que no es así. El tiempo es un océano en la tormenta.

Si los poderes de la unión se conforman según nos lo anticipa el escudero de la santa alianza, podemos vivir un océano proceloso en la tormenta.

En medio de los aplausos de sus correligionarios, Beltrones dijo en su discurso de aceptación (crea usted, por favor, en la autenticidad de esta expresión), que el PRI enarbola un solo proyecto. No puede haber dos proyectos de país, es uno solo, por tanto, gobernaremos y cumpliremos nuestras responsabilidades a un lado del candidato ganador, Enrique Peña Nieto.

¿Cuál es ese proyecto? Es nuestro antiquísimo conocido: más de lo mismo para siempre. Riqueza grosera sin medida para una pandillita, en medio de un mar de pobreza en la tormenta. Continuaremos como furgón de cola de los desarrollados, polarización socioeconómica creciente, neoliberalismo, loas y fanfarrias, oraciones e incienso para el dios mercado, corrupción y trampas, arreglos con el crimen organizado, ninguna reforma fiscal digna de tal nombre, mezquinas briznas de recursos para la educación. Seguiremos muriendo de diabetes, tumores malignos y enfermedades del corazón, además de por agresiones y homicidios. Un día podríamos parecernos más Egipto, no sólo por las pirámides.


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