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Opinión: Grecia, el rostro de Kostas. Elpida Nikou

Última modificación 30/05/2012 11:37
por Tania Molina

El rostro de Kostas refleja la dureza de una vida en el campo. Sus manos, fuertes y agrietadas, demuestran el trabajo realizado desde sus 15 años. Maíz, papa y algodón han acompañado sus jornadas en un pequeño pueblo del norte de Grecia. Las familias en Kamarina vivieron durante décadas del aceite. Producto fetiche en Grecia. Presumido, admirado y, ahora, olvidado. "Nuestra vida nunca fue fácil. Llevábamos años trabajando sin una dracma en nuestros bolsillos. Pero luchamos mucho por sobrevivir, siempre soñando con un futuro mejor para nuestros hijos".

Publicado el: 30 de mayo de 2012
Opinión: Grecia, el rostro de Kostas. Elpida Nikou

Integrante de una protesta frente al Parlamento en Atenas, en el primer aniversario de los indignados. Foto: Reuters

 

Elpida Nikou*

Publicada el 27 de mayo en la versión impresa.

El rostro de Kostas refleja la dureza de una vida en el campo. Sus manos, fuertes y agrietadas, demuestran el trabajo realizado desde sus 15 años. Maíz, papa y algodón han acompañado sus jornadas en un pequeño pueblo del norte de Grecia. Las familias en Kamarina vivieron durante décadas del aceite. Producto fetiche en Grecia. Presumido, admirado y, ahora, olvidado. Nuestra vida nunca fue fácil. Llevábamos años trabajando sin una dracma en nuestros bolsillos. Pero luchamos mucho por sobrevivir, siempre soñando con un futuro mejor para nuestros hijos.

Como en otros tantos países la dura vida en el campo heleno era el eje de la economía de la nación. En 1980 el número de agricultores activos llegaba a un millón 200 mil personas. Hasta el año 81 éramos un país soberano en productos agrícolas, podíamos cubrir nuestras necesidades alimentarias, cuenta Vaggelis Nanos, ingeniero agrícola en la región de Preveza. Treinta años después la población campesina del país se ha reducido en la mitad aportando ahora poco más de 10 por ciento del producto interno bruto (PIB).

El aspecto de esta zona ha cambiado progresivamente. Fábricas abandonadas, mataderos vacíos y maquinaria estropeada no solamente han aumentado las deudas de estos campesinos, sino también su indignación. Esta tierra no da para la ganadería al aire libre. Pero todos los pastores compramos ganado para recibir el dinero que llegaba de la Unión Europea, cuenta Thodorís Jaidos.

Desde los años 80 la política agraria europea empezó a construir una estructura única del campo en el continente. Treinta y uno por ciento de su presupuesto se destinaba a los subsidios agrícolas, lo que significó un control cada vez mayor sobre el tipo y el número de productos en cada región. Pero las ayudas se fueron reduciendo y los comercios de alimentación comenzaron a llenar sus estanterías con alimentos importados en su gran mayoría por otros países de la Unión Europea. Gradualmente el país dejó de realizar una producción acorde con las necesidades de su población y se convirtió en una nación dependiente.

Miles de campesinos se organizaron en cooperativas, pero ante la constante caída de los precios se vieron obligados a pactar con grandes empresas multinacionales de fertilizantes y semillas. Al nombre del progreso macroeconómico estas cooperativas se endeudaron con los grandes bancos del país. Los mismos bancos que con ayuda de empresas financieras internacionales y diversos políticos europeos fueron causantes de la crisis que acecha al país. Los mismos bancos que carecen de liquidez para afrontar las deudas y los créditos ya adjudicados. Los mismos bancos que han dado la espalda a los agricultores griegos.

La consecuencia generalizada del deterioro en el sector fue una vez más la migración hacia las grandes ciudades. Pero el aumento constante de población no vino, ni mucho menos, acompañado de un crecimiento en el sector industrial. Decenas de fábricas textiles, adornaban sin mucho gusto estético la norteña ciudad de Náusa. Su gran tradición y reputación en productos de seda daba trabajo a casi 22 mil familias. Pero la llegada del euro propició que avariciosos dueños decidieran trasladar la mayor parte de su producción hacia los Balcanes, en busca de mano de obra barata y menos derechos laborales. Países como Bulgaria y Rumania han recibido cientos de proyectos empresariales en los últimos años, mientras que Náusa recibe ahora el sobre nombre de la capital del desempleo.

La cooperativa de lácteos Dodoni es de las pocas industrias que reportan ganancias hoy. Nuestros abuelos crearon este proyecto. Eran pastores, igual que nosotros y armaron la cooperativa para vender sus productos, cuenta Thodoris. Ahora la mayoría de las acciones de Dodoni está en manos del Banco Agrícola, y bajo las instrucciones de la troika (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo) dicen que tenemos que venderla.

La restructuración económica planteada por la Unión Europea ha dejado un continente corriendo a dos velocidades. Después de años de supuesta bonanza y aumento de la especulación, el resto de países periféricos con España o Italia a la cabeza, no consiguen solventar sus problemas financieros con una economía basada en los servicios.

Según un reporte del Banco Mundial, naciones como Grecia, dependen ya del turismo que aporta 70 por ciento a su PIB. Este país ha cambiado el rumbo de su economía desde su entrada en la Unión Europea, se menciona en el mismo estudio.

Pero ante el colapso económico, las medidas de la troika se han desviado. Recortes, despidos y reducciones sociales que según la mayor parte de los griegos hacen pagar a los menos culpables. Kostas tendrá que hacer frente a un futuro poco alentador. Sigue dedicando tiempo a sus olivos, debido a una escasa jubilación, al aumento de los impuestos y a un hijo sin trabajo. Yo estoy ayudando a mi país, llevo trabajando desde niño chiquito y ahora siento mucha rabia. Son otros los que nos impusieron estas políticas, son otros los que sacaron provecho de nuestro sudor.

* Periodista griega


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