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Opinión: Cruzada Nacional contra el Hambre y la Pobreza. Joel Padrón González

Última modificación 02/02/2013 23:26
por Tania Molina

El lunes 21 de enero de 2013, en las orillas de Las Margaritas, Chiapas, centro del pueblo indígena tojolabal, escuchamos otra palabra que pretende ser nueva y vimos también otro decreto y otra firma. Los nuevos gobiernos del estado y el federal, ante la presencia de todos los gobiernos estatales del país, de senadores y diputados, locales y federales, tuvieron la osadía de decir su palabra, ante la conciencia del pueblo tojolabal, testigo, esta vez, de todos los pueblos de México.

Publicado el: 2 de febrero de 2013
Opinión: Cruzada Nacional contra el Hambre y la Pobreza. Joel Padrón González

Durante la presentación de la Cruzada Nacional contra el Hambre, en Las Margaritas, Chiapas. Foto: Xinhua/Presidencia de México

 

Joel Padrón González*

Publicada el 2 de febrero en la versión impresa.

El lunes 21 de enero de 2013, en las orillas de Las Margaritas, Chiapas, centro del pueblo indígena tojolabal, escuchamos otra palabra que pretende ser nueva y vimos también otro decreto y otra firma. Los nuevos gobiernos del estado y el federal, ante la presencia de todos los gobiernos estatales del país, de senadores y diputados, locales y federales, tuvieron la osadía de decir su palabra, ante la conciencia del pueblo tojolabal, testigo, esta vez, de todos los pueblos de México.

Los titulares de los nuevos gobiernos anunciaron con solemnidad el comienzo próximo de la gran cruzada en contra del hambre y la pobreza. Pero no es motivo de fiesta el solo anuncio, ni siquiera el comienzo de la gran cruzada, lo que debiera hacerse con austeridad y más bien en silencio para que todos puedan verlo y escucharlo. Sólo se tendrá derecho a la fiesta cuando se haya dado un testimonio convincente de que el compromiso anunciado se ha cumplido, hasta poder decir que el hambre y la pobreza, que se les ha impuesto a estos pueblos por generaciones, se ha erradicado para siempre y se ha establecido, por fin, la justicia y el derecho para todos.

Tal vez, para asumir un compromiso serio y verdadero, eligieron muy bien el escenario: el hambre y la pobreza reales de los pueblos indígenas de Chiapas, con el pueblo tojolabal como testigo, para decirles, desde aquí, a los 400 municipios en pobreza extrema y carencia alimentaria y a todo el país, su palabra y compromiso. Y, creo poder decirles que, comenzaron bien, al reconocer, tal vez con indignación y con vergüenza, lo que es obvio: Es lastimoso, lamentable y doloroso reconocer que hay 7.4 millones de mexicanos en pobreza extrema y carencia alimentaria severa. Así como también ver el hambre y la pobreza extrema de estos pueblos, descendientes directos de los mayas: más de un millón y medio en pobreza alimentaria, cinco municipios chiapanecos entre los 10 más pobres del país… Más todavía, cuando esta situación lacerante y lastimosa se da injustamente en medio de una gran riqueza de recursos naturales, los que a ellos les fueron heredados por sus antepasados y, desde ellos, a todos los que somos y nos reconocemos mexicanos. Por esto, desde aquí, ante el derecho que tienen estos pueblos originarios al territorio que les heredaron sus antepasados a lo largo del país, les recuerdo una vez más: ¿Por qué intereses y razones, los gobiernos que se fueron permitieron que vendepatrias voraces intenten vender a pedazos esta patria que es de todos, a intereses extranjeros, como el caso del Dragón Mart chino de Cancún y otros casos más en diferentes entidades? ¿Lo permitirán ahora los nuevos gobiernos que han venido hasta aquí, para decirnos que reconocen el derecho que ampara a estos pueblos hermanos sobre sus territorios y, contradictoriamente también, que están reconociendo el hambre y la pobreza ancestrales que se han echado sobre ellos?

La posible credibilidad de su palabra está seriamente amenazada, porque la palabra de los gobiernos que les precedieron sigue en entredicho ante la conciencia engañada de estos pueblos, cuando los mismos gobiernos que se fueron pretendieron adelantar la noche sobre el amanecer que significaban para el país los acuerdos de San Andrés, al intentar borrar su firma, convirtiéndola, más bien, en deuda histórica con estos pueblos, precisamente, ante los que han dicho su palabra. Por esto, los 50 programas que anunciaron para superar el hambre y la pobreza deben incluir también los compromisos firmados y olvidados de los acuerdos de San Andrés, para borrar la vergüenza y construir credibilidad real ante la esperanza de los pueblos que hemos hecho vivir aplastados injustamente por el hambre y la pobreza extrema.

Además, no se puede actuar desde arriba, ni tampoco desde fuera de la vida de estos pueblos a quienes se les quiere hacer justicia. Se tiene que contar con ellos, porque ya se han puesto de pie y han decidido ser, ellos mismos, los actores centrales de su historia, la que queremos que cambie y pase del hambre a la suficiencia alimentaria, y de la extrema pobreza a la producción autosuficiente de bienes y al reparto justo de los mismos, para lograr, por fin, el México de justicia, democracia y libertad que todos anhelamos.

Nosotros estaremos atentos, haciendo, en este lugar y en esta historia, lo que a nosotros corresponde.

*Párroco de San Andrés Larráinzar

 

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